
Nunca soñé ser financiero. Estudié Ingeniería Financiera porque era “lo que tocaba”. Porque había responsabilidades que asumir. Porque estudiar de noche me permitía trabajar de día. No elegí esta profesión porque ardiera en mí la certeza de una vocación.
En aquellos primeros semestres de mi carrera en la UNAB había materias que muchos llamábamos “de relleno”: Ética, Identidad Personal… y otras “cosas de esas”. Después llegaron los Cálculos, los Modelos Cuánticos, Macro y Microeconomía, Contabilidad, Estadística, Análisis Financiero, Valoración de Empresas, etc. y durante años creí que ahí, en esos números exactos, habitaba toda la clave del éxito.
Hoy, casi 30 años después, miro atrás y sonrío; porque descubrí que lo esencial y permanente estaba, justamente, en eso que decíamos que eran “cosas de esas”.
He vivido mi profesión. Amo lo que hago y cada paso del camino recorrido; mi ejercicio profesional me ha dado alegrías profundas, y cada uno de los retos vividos ha sido una maravillosa oportunidad para aprender, por ejemplo, que ningún resultado brilla por sí solo, que detrás de cada cifra hay latidos, hay historias que por seres humanos que trabajaron, algunos en silencio, para llegar a ese resultado, a esa cifra. Junto a cada cifra hay sueños sostenidos con hilos invisibles, hay decisiones que han marcado y marcarán vidas.
Aprendí que las empresas no son sólo cierres, balances o proyecciones. Son seres humanos que las hacen latir. Que el liderazgo no es solo estrategia ni Excel, sino que es el arte de mirar a los ojos y entender lo invisible: motivaciones, vínculos, propósitos.
Sigo apasionado por los números, por el crecimiento, por la rentabilidad, y ahora sé que todo eso no es más que una parte de la historia. Porque lo que permanece no son los números que logramos, lo que permanece son las huellas que dejamos en la gente durante el camino hacia los resultados… y mucho después.
Eso que muchos llaman legado no se mide en balances ni en flujos de caja, se mide en lo que transformas en las personas que caminan contigo, en lo que inspiras, en lo que siembras.
La gente: eso es lo importante. La gente, que está hecha, justamente, de “cosas de esas.”
¿Cuál fué el momento clave en el que descubriste que liderar es más que alcanzar resultados?
¿Qué “cosa de esas” ha marcado tu forma de liderar?