
Cuando hay belleza evidente, cuando aportan ilusión, cuando evocan suspiros y emociones …
les dan un lugar, las traen a casa, las cuidan.
Cuando lo que era atractivo no está, cuando la flor que antes se alzaba erguida marchita y ya no hay belleza e ilusión aparente …
las desechan.


Ahí, invisible para quien sólo ve las flores, en la oscuridad profunda está la vida, la nueva vida y la nueva belleza. Con el cuidado que merece entregado por pacientes manos, con lo que tiene y guarda en la profundidad húmeda y oscura, en el momento adecuado y preciso, florece!
Las desechan quienes se ilusionan con belleza y atractivo efímeros;
las cuidan, las reviven, quienes saben de raíces, de cimientos. Las esperan, las disfrutan nuevas, bellas, vivas.
