Siempre han estado y siempre estarán contigo, ya sea que los conozcas en persona o no, que hayas construido tu misma los recuerdos porque compartiste con ellos, o porque mamá y yo te contamos sobre ellos, siempre estarán contigo. Los abuelos te miran y te cuidan siempre, en persona, en sus oraciones, desde otro lugar en este mundo o desde algún lugar a donde ellos ya han partido, desde el cielo te miran los abuelos.

Has sido tan afortunada como yo mi niña. Has tenido la dicha de recibir amor de abuelas, amor de abuelos, de ese amor que viene en forma de cuentos, de historias contadas a tu oído y acunada entre brazos que, aunque hoy parezcan débiles, han sostenido familias grandes, han construido sueños. Has sido afortunada como yo mi niña porque te han consentido con bocados que alimentan tu alma al recibirlos, y el de ellos que te lo entregan.

Has sido afortunada como yo mi niña porque la nonita María te abrazó encantada muchas veces, porque la nona Elvira te miró y sonrió ruidosa antes de ir a cuidarte desde el cielo; has sido afortunada como yo mi niña porque Tita te acompaña siempre y siempre cuida tus pasos. Afortunada eres porque la abuela Nubia te ha llevado de su mano, porque a la abuela Mary le brillan los ojos de la emoción al verte o sentirte cerca. Afortunada eres porque el abuelo Hugo ha pelado y partido una a una muchas uvas para compartir contigo, porque el abuelo Juan disfruta feliz pidiendo tu ayuda con las gotitas, porque Tito te saluda con la emoción de saber que pronto podrá verte y jugar contigo.

Los abuelos son la mejor prueba de que el amor existe y existirá siempre Majo, sea que estés con ellos y puedas tomar aún sus manos, sea que sólo recuerdes que caminaste de las suyas.