Los retos y las dificultades casi nunca son bienvenidas. Normalmente no me gusta encontrar obstáculos o asuntos que parecen atravesarse con vil descaro  y alevosía en el transcurrir “tranquilo” de un día cualquiera.  

Que los retos  pueden verse como oportunidades se ha dicho muchas veces y de muchas maneras,  una de ellas, la que encuentro más linda, la puso Antoine De-Saint Exupery en voz de La Rosa cuando le dice a El Principito: “Es preciso que soporte dos o tres orugas si quiero conocer las mariposas”.  

Cuando la situación se pone difícil, cuando me siento abrumado y sin opciones viables a la vista, cuando todo parece jugar en contra de lo que quiero o de mis planes,  recuerdo esas palabras y entonces, en mi mente,  eso que me incomoda se convierte en una oruga; una oruga de esas que se mueven lentamente entre las ramas, de esas que responden con indiferencia a las miradas de cualquiera, de esas que, según los libros de Biología y La Rosa, con algo de tiempo y la misteriosa grandeza de la naturaleza  se convierten en mariposa. De esas que, incluso, podría pisar y destruir con inclemente fuerza.   Prefiero, y así lo elijo,  no pisarlas,  porque quiero que, con el decantar del  tiempo y el uso de mis capacidades, darle, como hace la optimista y valiente Rosa, la oportunidad de convertirse en una bella y ligera mariposa.   

Los retos y las dificultades son oportunidades para demostrar grandeza.  No sé si lo que tengo a mano para enfrentar los míos es grandeza, pero sé que tengo herramientas aprendidas  durante algunos años de experiencia, y también tengo a mano la posibilidad de pedir ayuda, con la humildad adquirida al tiempo que veo la grandeza en otros, y si, la valentía que se requiere para enfrentarlos de esta manera en lugar de rendirse, esa sé que es grande.  El solo ejercicio de detenerse un momento  para observar la situación simulando estar fuera de ella me ayuda bastante, puedo ver distintas aristas, conexión con otros asuntos, con otras personas, puedo ver una dimensión nueva y entonces enfrentarla de una manera nueva.   Funciona también  evaluar las consecuencias de lo que está pasando, los efectos inmediatos y lo que imagino puede pasar en el futuro. Respirar también funciona, contando no de uno a diez, sino de  diez a uno, como aprendí hace poco.  Callar también funciona, callar para escuchar y escucharme.   

Haciendo cosas como estas consigo el tiempo,  algunas veces es sólo un instante y otras algunas horas,  valioso tiempo para, poco a poco,  entender que la grandeza proviene de la misma oruga, que aunque la creyera lenta y pasiva simplemente estaba acumulando fuerzas para tomar vuelo en un mágico batir de alas de mariposa.