El 15 de marzo, muy cerca de las 3 de la tarde, el aire cubrió tu piel pura, entró en tu pecho y salió convertido en grito; Ese día, por primera vez y brevemente, se abrieron tus ojos, entonces grises, para llenarse de luz.  Ese día, a esa hora, te vi, te admiré completa, ese día se atropellaron todas las emociones en mi pecho y en mi mente. Ese día mis manos torpes te tocaron, sintieron la indescriptible suavidad de tu alma. Ese día, y desde entonces, mis ojos no paran de mirarte y llenarse de un brillo eterno, infinito.   Ese día, mi niña hermosa, llegaste.