Así como creo que no existe una única verdad  creo que no existe un único nombre para Dios. Vienes a un mundo en el que la gente pelea en nombre de quien cada uno cree que es el único y verdadero Dios. Y no, no comparto la idea de pelear por tener opiniones diferentes.

Nosotros, mamá y yo, crecimos conociendo a uno de los dioses. Ese fue el Dios que nos enseñaron. Y otros padres, en otros lugares del mundo, les enseñaron a sus hijos otros dioses. Nuestro Dios y el de ellos no es distinto, tienen otros nombres pero enseñan lo mismo. Enseñan sobre el amor. Tú eres la expresión del amor y tú expresarás amor de muchas maneras.  Esa es la primera y principal enseñanza de cualquier Dios sea cual sea su nombre.

Los humanos tenemos un extraño deseo de ponerle nombre a todo, deseo de encontrar responsables para todo. A Dios le hemos puesto nombre y a Dios le hemos hecho responsable de cosas que no entendemos o de las que no queremos hacernos cargo.

Yo creo en el misterio, en el misterio presente en lo que no logro entender, en lo que pasa sin que nadie haga nada para que pase.  Creo en la belleza de los amaneceres, en la magia del calor del sol que te abriga al empezar el día,  creo en la belleza del silencio de la noche, creo en la energía que me recorre cuando miro los ojos de mamá, de tus hermanos, de otros seres humanos. Creo que hay algo que nos une a otros, que nos hace estar cerca y extrañar cuando no lo estamos. Creo en las lágrimas, creo en los abrazos, creo en la alegría que siento al servir, al ayudar a otros, creo en la bondad de los seres humanos, de los animales, de la naturaleza.  Creo en la ternura. Yo veo crecer los árboles, las flores, siento su perfume y lo disfruto, y en todo eso creo.  Yo creo en tu existencia, aún antes de verte sabía que estabas conmigo.  A todo ello y a mucho mas podrás ponerle nombre, y para esto y para mucho mas podrás buscar responsable,  serás tú quien decida cuando llegue el momento, mientras tanto, disfrútalo, disfruta del misterio precisamente por eso, por que está ahí para ti, porque ya lo tienes aunque no tenga nombre.  Y agradece, siente la gratitud y exprésala de la manera que quieras. Agradece por tu existencia y por la posibilidad de estar ahí para sentir y disfrutar aquello, aunque no lo entiendas.

Finalmente,  por favor no pelees nunca con alguien que crea en algo diferente, o que no crea o que no disfrute, o que simplemente lo llame distinto.  Recuerda que, si buscas bien, encontrarás que hablan de lo mismo, del mismo amor que su Dios y el tuyo quisieron enseñarnos.